Hola chicos de 3ro.
En este periodos leeremos "El caballero de la armadura oxidada".
Es un texto muy interesante el cual les comparto para que lo analicemos en clase.
A leer...
.EL CABALLERO DE LA ARMADURA OXIDADA
Fisher, Robert
1.- EL DILEMA DEL CABALLERO
Hace ya mucho tiempo, en una tierra
muy lejana, vivía un caballero que pensaba que era bueno, generoso y amoroso.
Hacia todo lo que suelen hacer los caballeros buenos, generosos y amorosos.
Luchaba contra sus enemigos, que eran malos, mezquinos y odiosos. Mataba
dragones y rescataba damiselas en apuros. Cuando en el asunto de la caballería
había crisis, tenía la mala costumbre de rescatar damiselas incluso cuando
ellas no deseaban ser rescatadas y, debido a esto, aunque muchas damas le
estaban agradecidas, otras tantas se mostraban furiosas con el caballero. Él lo
aceptaba con filosofía. Después de todo, no se puede contentar a todo el mundo.
Nuestro caballero era famoso por su
armadura. Reflejaba unos rayos de luz tan brillantes que la gente del pueblo
juraba haber visto el sol salir en el norte o ponerse en el este cuando el
caballero partía a la batalla. Y partía a la batalla con frecuencia. Ante la
mera mención de una cruzada, el caballero se ponía la armadura entusiasmado,
montaba su caballo y cabalgaba en cualquier dirección. Su entusiasmo era tal
que a veces partía en varias direcciones a la vez, lo cual no es nada fácil.
Durante años, el caballero se esforzó
en ser el número uno del reino. Siempre había otra batalla que ganar, otro
dragón que matar u otra damisela que rescatar.
El caballero tenía una mujer fiel y bastante
tolerante, Julieta, que escribía hermosos poemas, decía cosas inteligentes y tenía
debilidad por el vino. También tenía un joven hijo de cabellos dorados,
Cristóbal, al que esperaba ver, algún día, convertido en un valiente caballero.
Julieta y Cristóbal veían poco al
caballero porque, cuando no estaba luchando en una batalla, matando dragones o
rescatando damiselas, estaba ocupado probándose su armadura y admirando su
brillo. Con el tiempo, el caballero se enamoró hasta tal punto de su armadura que
se la empezó a poner para cenar y, a menudo, para dormir. Después de un tiempo,
ya no se tomaba la molestia de quitársela para nada. Poco a poco, su familia
fue olvidando que aspecto tenia sin ella.
Ocasionalmente, Cristóbal le
preguntaba a su madre que aspecto tenía su padre. Cuando esto sucedía, Julieta
llevaba al chico hasta la chimenea y señalaba el retrato del caballero.
-He ahí a tu padre- decía con un
suspiro.
Una tarde, mientras contemplaba el
retrato, Cristóbal le dijo a su madre:
-Ojalá pudiera ver a padre en persona.
-No puedes tenerlo todo!- respondió
bruscamente Julieta.
Estaba cada vez más harta de tener tan
solo una pintura como recuerdo del rostro de su marido y estaba cansada de
dormir mal por culpa de ruido metálico de la armadura.
Cuando paraba en casa y no estaba
absolutamente pendiente de su armadura, el caballero solía recitar monólogos
sobre sus hazañas. Julieta y Cristóbal casi nunca podían decir una palabra. Cuando
lo hacían, el caballero les acallaba, ya sea cerrando su visera o quedándose
repentinamente dormido.
Un día, Julieta se enfrentó a su
marido.
-Creo que amas más a tu armadura de lo
que me amas a mí.
-Eso no es verdad- respondió el
caballero -Acaso no te amé lo suficiente como para rescatarte de aquel dragón e
instalarte en este elegante castillo con paredes empedradas?
-Lo que tu amabas- dijo Julieta,
espiando a través de la visera para poder ver sus ojos - era la idea de
rescatarme. No me amabas realmente entonces y tampoco me amas realmente ahora.
-Sí que te amo- insistió el caballero,
abrazándola torpemente con su fría y rígida armadura, casi rompiéndole las
costillas.
-Entonces, quítate esa armadura para
que pueda ver quién eres en realidad!- le exigió.
-No puedo quitármela. Tengo que estar
preparado para montar en mi caballo y partir en cualquier dirección- explico el
caballero.
-Si no te quitas esa armadura, cogeré
a Cristóbal, subiré a mi caballo y me marchare de tu vida.
Bueno, esto si que fue un golpe para
el caballero. No quiera que Julieta se fuera. Amaba a su esposa y a su hijo y a
su elegante castillo, pero también amaba su armadura porque les mostraba a
todos quien era él: Un caballero bueno, generosos y amoroso. Por que no se daba
cuenta Julieta de ninguna de estas cualidades?
El caballero estaba inquieto.
Finalmente, tomo una decisión. Continuar llevando la armadura no valía la pena
si por ello había de perder a Julieta y a Cristóbal.
De mala gana, el caballero intento
quitarse el yelmo pero, no se movió! Tiro con mas fuerza. Estaba muy
enganchado. Desesperado, intento levantar la visera pero, por desgracia,
también estaba atascada. Aunque tiro de la visera una y otra vez, no consiguió
nada.
El caballero camino de arriba abajo con
gran agitación. Cómo podía haber sucedido esto? Quizá no era tan sorprendente
encontrar el yelmo atascado, ya que no se lo había quitado en años, pero la
visera era otro asunto. La había abierto con regularidad para comer y beber.
Pero bueno, si la había abierto esa misma mañana para desayunar huevos
revueltos y cerdo en su salsa!
Repentinamente, el caballero tuvo una
idea. Sin decir adonde iba, salió corriendo hacia la tienda del herrero, en el
patio del castillo. Cuando llego, el herrero estaba dándole forma a una
herradura con sus manos.
-Herrero- dijo el caballero, -tengo un
problema.
-Sois un problema, señor- dijo
socarronamente el herrero, con su tacto habitual.
El caballero, que normalmente gustaba
de bromear, arrugó el entrecejo.
-No estoy de humor para tus bromas en
estos momentos. Estoy atrapado en esta armadura- vocifero, al tiempo que
golpeaba el suelo con el pie revestido de acero, dejándolo caer accidentalmente
sobre el dedo gordo del pie del herrero.
El herrero dejo escapar un aullido y,
olvidando por un momento que el caballero era su señor, le propino un brutal
golpe en el yelmo. El caballero sintió tan sólo una ligera molestia. El yelmo
ni se movió.
-Inténtalo otra vez- ordeno el
caballero, din darse cuenta de que el herrero le había golpeado porque estaba
enfadado.
-Con gusto- dijo el herrero,
balanceando un martillo en venganza y dejándolo caer con fuerza sobre el yelmo
del caballero. El yelmo ni siquiera se abollo.
El caballero se sintió muy turbado. El
herrero era, con mucho, el hombre mas fuerte del reino. Si el no podía sacar al
caballero de su armadura, quien podría?
Como era un buen hombre, excepto
cuando le aplastaban el dedo gordo del pie, el herrero percibió el pánico del
caballero y sintió lástima.
-Estáis en una situación difícil,
caballero, pero no os deis por vencido. Regresad mañana cuando yo haya
descansado. Me habéis cogido al final de un día muy duro.
Aquella noche, la cena fue difícil.
Julieta se enfadaba cada vez mas a medida que iba introduciendo por los orificios
de la visera del caballero la comida que había tenido que triturar previamente.
A mitad de la cena, el caballero le contó a Julieta que el herrero había
intentado abrir la armadura, pero que había fracasado.
-No te creo, bestia ruidosa!- grito,
al tiempo que estrellaba el plato de puré de estofado de paloma contra su
yelmo.
El caballero no sintió nada. Solo
cuando la salsa comenzó a chorrear por los orificios de la visera, se dio
cuenta de que le habían dado en la cabeza. Tampoco había sentido el martillo
del herrero aquella tarde. De hecho, ahora que lo pensaba, su armadura no le
dejaba sentir apenas nada, y la había llevado durante tanto tiempo que había
olvidado como se sentían las cosas sin ella.
El caballero se entristeció mucho
porque Julieta no creía que estaba intentando quitarse la armadura. El herrero
y él lo habían intentado, y lo siguieron intentando durante días, sin éxito.
Cada día el caballero se deprimía mas y Julieta estaba cada vez mas fría.
Finalmente, el caballero admitió que
los esfuerzos del herrero eran vanos.
-Vaya con el hombre mas fuerte del
reino! Ni siquiera puedes abrir este montón de lata!- grito con frustración.
Cuando el caballero regreso a casa,
Julieta le chillo:
-Tu hijo no tiene mas que un retrato
de su padre, y estoy harta de hablar con una visera cerrada. No pienso volver a
pasar comida por los agujeros de esa horrible cosa nunca más. Este es el ultimo
puré de cordero que te preparo!
-No es mi culpa si estoy atrapado en
esta armadura. Tenia que llevarla para estar siempre listo para la batalla. De
que otra manera, si no, hubiera podido comprar bonitos castillos y caballos
para ti y para Cristóbal?
-No lo hacías por nosotros- argumento
Julieta -Lo hacías por ti!
Al caballero le dolió en el alma que
su mujer pareciera no amarlo más. También temía que, si no se quitaba la
armadura pronto, Julieta y Cristóbal realmente se marcharían. Tenia que
quitarse la armadura, pero no sabia como.
El caballero descartó una idea tras
otra por considerarlas poco viables. Algunos planes eran realmente peligrosos.
Sabia que cualquier caballero que se plantease fundir su armadura con la
antorcha de un castillo, o congelarla saltando a un foso helado, o hacerla
explotar con un cañón, estaba seriamente necesitado de ayuda. Incapaz de
encontrar ayuda en su propio reino, el caballero decidió buscar en otras
tierras.
"En algún lugar debe de haber
alguien que me pueda ayudar a quitarme esta armadura", penso.
Desde luego, echaría de menos a
Julieta, Cristóbal, y el elegante castillo. También temía que, en su ausencia,
Julieta encontrara el amor en brazos de otro caballero, uno que estuviera
deseoso de quitarse la armadura y de ser un padre para Cristóbal. Sin embargo,
el caballero tenia que irse, asi que, una mañana muy temprano, monto en su
caballo y se alejo cabalgando. No osó mirar atrás por miedo a cambiar de idea.
Al salir de la provincia, el caballero
se detuvo para despedirse del rey, que había sido muy bueno con él. El rey
vivía en un grandioso castillo en la cima de una colina del barrio elegante. Al
cruzar el puente levadizo y entrar en el patio, el caballero vio al bufón
sentado con las piernas cruzadas, tocando la flauta.
El bufón se llamaba Bolsalegre porque
llevaba sobre su hombro una bolsa con los colores del arco iris, llena de
artilugios para hacer reír o sonreír a la gente.
Había extrañas cartas que utilizaba
para adivinar el futuro de las personas, cuentas de vivos colores que hacia
aparecer y desaparecer y graciosas marionetas que usaba para divertir a su
audiencia.
-Hola, Bolsalegre- dijo el caballero
-He venido a decirle adiós al rey.
El bufón miro hacia arriba.
-El rey se acaba de ir. No hay nada
que el os pueda decir.
-Adónde ha ido?- pregunto el
caballero.
-A una nueva cruzada ha partido. Si lo
esperáis, vuestro tiempo habréis perdido.
El caballero quedo decepcionado por no
haber podido ver al rey y perturbado por no poder unirse a el en la cruzada.
-Oh- suspiró. Podría morir de inanición
dentro de esta armadura antes de que el rey llegara -Quizás no le vuelva a ver
nunca más.
El caballero sintió ganas de dejarse
caer de su montura pero, por supuesto, la armadura se lo impedía.
-Sois una imagen triste de ver. Ni con
todo vuestro poder vuestra situación podéis resolver.
-No estoy de humor para tus
insultantes rimas- ladró el caballero, tenso dentro de su armadura -No puedes
tomarte los problemas de alguien seriamente por una vez?
Con una clara y lírica voz, Bolsalegre
canto:
-A mí los problemas no me han de
afectar. Son oportunidades para criticar.
-Otra canción cantarías si fueras tú
el que estuviera atrapado aquí- gruñó el caballero.
Bolsalegre continuó:
-A todos, alguna armadura nos tiene
atrapados. Solo que la vuestra ya la habéis encontrado.
-No tengo tiempo de quedarme y oír tus
tonterías. Tengo que encontrar la manera de salir de esta armadura.
Y dicho esto, el caballero se dispuso
a partir, pero Bolsalegre le llamó:
-Hay alguien que puede ayudaros,
caballero, a sacar a la luz vuestro yo verdadero.
El caballero detuvo su caballo
bruscamente y, emocionado, regreso hacia Bolsalegre.
-Conoces a alguien que me pueda sacas
de esta armadura? Quién es?
-Tenéis que ver al mago Merlín, así
lograreis ser libre al fin.
-Merlín? El único Merlín del que he
oído hablar es el gran sabio, el maestro del Rey Arturo.
-Si. Si, el mismo es. Merlín solo hay
uno, ni dos ni tres.
-Pero no puede ser!- exclamo el caballero.
-Merlín y el rey Arturo vivieron hace mucho años.
Bolsalegre replico:
-Es verdad, pero aun vive ahora. En
los bosques el sabio mora.
-Pero esos bosques son tan grandes...-
dijo el caballero -Cómo lo encontrare ahí?
Bolsalegre sonrió.
-Aunque muy difícil ahora os parece,
cuando el alumno esta preparado, el maestro aparece.
-Ojalá Merlín apareciera pronto. Voy a
buscarlo a el.- dijo el caballero.
Estiro el brazo y le dio la mano a
Bolsalegre en señal de gratitud, y por poco tritura los dedos del bufón con el
guantelete.
Bolsalegre dió un grito. El caballero
soltó rápidamente la mano del bufón.
-Lo siento.
Bolsalegre se froto los magullados
dedos.
-Cuando la armadura desaparezca y
estéis bien, sentiréis el dolor de los otros también.
-Me voy!- dijo el caballero.
Hizo girar a su caballo y, abrigando
nuevas esperanzas en su corazón, se alejo galopando.
2.- EN LOS
BOSQUES DE MERLIN
No fue tarea fácil encontrar al astuto
mago. Había muchos bosques en los que buscar, pero solo un Merlín. Asi que el
pobre caballero cabalgó día tras día, noche tras noche, debilitándose cada vez
más.
Mientras cabalgaba en solitario a
través de los bosques, el caballero se dio cuenta de que había muchas cosas que
no sabia. Siempre había pensado que era muy listo, pero no se sentía tan listo
ahora, intentando sobrevivir en los bosques.
De mala gana, se reconoció a sí mismo
que no podía distinguir una baya venenosa de una comestible. Esto hacia el acto
de comer una ruleta rusa. Beber no era menos complicado. El caballero intento
meter la cabeza en un arroyo, pero su yelmo se lleno de agua. Casi se ahoga dos
veces. Por si eso fuera poco, estaba perdido desde que había entrado al bosque.
No sabia distinguir el norte del sur, ni el este del oeste. Por fortuna, su
caballo sí lo sabia.
Después de meses de buscar en vano, el
caballero estaba bastante desanimado. Aun no había encontrado a Merlín, a pesar
de haber viajado muchas leguas. Lo que le hacia sentirse peor era que ni
siquiera sabia cuánto era una legua. Una mañana, se despertó sintiéndose más
débil de lo normal y un tanto peculiar. Aquella misma mañana encontró a Merlín.
El caballero reconoció al mago enseguida. Estaba sentado bajo un árbol, vestido
con una larga túnica blanca. Los animales del bosque estaban reunidos a su
alrededor, y los pájaros descansaban en sus hombros y brazos.
El caballero movió la cabeza
sombríamente de un lado a otro, haciendo que rechinase su armadura. Cómo podían
todos esos animales encontrar a Merlín con tanta facilidad cuando había sido
tan difícil para él?
Cansinamente, el caballero descendió
de su caballo.
-Os he estado buscando- le dijo al
mago -He estado perdido durante meses.
-Toda vuestra vida- lo corrigió
Merlín, mordiendo una zanahoria y compartiéndola con el conejo más cercano.
El caballero se enfureció.
-No he venido hasta aquí para ser
insultado.
-Quizá siempre os habéis tomado la
verdad como un insulto- dijo Merlín, compartiendo la zanahoria con alguno de
los otros animales.
Al caballero tampoco le gusto mucho
este comentario, pero estaba demasiado débil como para subir a su caballo y
marcharse. En lugar de eso, dejo caer su cuerpo envuelto en metal sobre la
hierba. Merlín le miro con compasión.
-Sois muy afortunado- comento - Estáis
demasiado débil para correr.
-Y eso que quiere decir?- pregunto con
brusquedad el caballero.
Merlín sonrió por respuesta.
-Una persona no puede correr y
aprender a la vez. Debe permanecer en un lugar durante un tiempo.
-Sólo me quedare aquí el tiempo
necesario para aprender como salir de esta armadura- dijo el caballero.
-Cuando hayáis aprendido eso- afirmo
Merlín, -nunca mas tendréis que subir a vuestro caballo y partir en todas
direcciones.
El caballero estaba demasiado cansado
como para cuestionar esto. De alguna manera, se sentía consolado y se quedó
dormido enseguida.
Cuando el caballero despertó, vio a
Merlín y a los animales a su alrededor. Intento separarse, pero estaba
demasiado débil. Merlín le tendió una copa de plata que contenía un extraño
liquido.
-bebed esto- le ordeno.
-Qué es?- pregunto el caballero, mirando
la copa receloso.
-Estáis tan asustado!- dijo Merlín
-Por supuesto, por eso os pusisteis la armadura desde el principio.
El caballero no se molesto en negarlo,
pues estaba demasiado sediento.
-Está bien, lo beberé. Vertedlo por mi
visera.
-No lo haré. Es demasiado valioso para
desperdiciarlo.
Rompió una caña, puso un extremo en la
copa y deslizo el otro por uno de los orificios de la visera del caballero.
-Ésta es una gran idea!- dijo el
caballero.
-Yo lo llamo un pajita- replico
Merlín.
-Por que?
-Y por que no?
El caballero se encogió de hombros y
sorbió el liquido por la caña. Los primeros sorbos le parecieron amargos, lo
siguientes más agradables, y los últimos tragos fueron bastante deliciosos.
Agradecido, el caballero le devolvió la copa a Merlín.
-Deberías lanzarlo al mercado. Os
harías rico.
Merlín se limito a sonreír.
-Qué es?- pregunto el caballero.
-Vida.
-Vida?
-Si- dijo el sabio mago. -No os
pareció amarga al principio y, luego, a medida que la degustabais, no la
encontrabais cada vez más apetecible?
El caballero asintió.
-Sí, los últimos sorbos resultaron
deliciosos.
-Eso fue cuando empezasteis a aceptar
lo que estabais bebiendo.
-Estáis diciendo que la vida es buena
cuando uno la acepta?- pregunto el caballero.
-Acaso no es asi?- replico Merlín,
levantando una ceja divertido.
-Esperáis que acepte toda esta pesada
armadura?
-Ah- dijo Merlín, -no nacisteis con
esa armadura. Os la pusisteis vos mismo. Os habéis preguntado por que?
-Y por que no?- replico el caballero,
irritado. En ese momento, le estaba empezando a doler la cabeza. No estaba
acostumbrado a pensar de esa manera.
-Seréis capaz de pensar con mayor
claridad cuando recuperéis fuerzas- dijo Merlín.
Dicho esto, el mago hizo sonar sus
palmas y las ardillas, llevando nueces entre los dientes, se alinearon delante
del caballero. Una por una, cada ardilla trepó al hombro del caballero, rompió
y mastico una nuez, y luego empujo los pequeños trozos a través de la visera
del caballero. Las liebres hicieron lo mismo con zanahorias, y los ciervos
trituraron raíces y bayas para que el caballero comiera. Este método de
alimentación nunca seria aprobado por el ministerio de sanidad, pero, que otra
cosa podía hacer un caballero atrapado en su armadura en medio del bosque?
Los animales alimentaban al caballero
con regularidad, y Merlín le daba de beber enormes copas de vida con la pajita.
Lentamente, el caballero se fue fortaleciendo, y comenzó a sentirse
esperanzado.
Cada día le hacia la misma pregunta a
Merlín:
-Cuándo podré salir de esta armadura?
Cada día, Merlín replicaba:
-Paciencia! Habéis llevado esa
armadura durante mucho tiempo. No podéis salir de ella asi como asi.
Una noche, los animales y el caballero
estaban oyendo al mago tocar con su laúd los últimos éxitos de los trovadores.
Mientras esperaba que Merlín acabara de tocar Añoro los viejos tiempos, en que
los caballeros eran valientes y las damiselas eran frías, el caballero le hizo
una pregunta que tenia en mente desde hacia tiempo.
-Fuisteis en verdad el maestro del rey
Arturo?
El rostro del mago se encendió.
-Sí, yo le enseñe a Arturo- dijo.
-Pero... como podéis seguir vivo?
Arturo vivió hace mucho tiempo!- exclamo el caballero.
-Pasado, presente y futuro son uno
cuando estas conectado con la fuente- replico Merlín.
-Qué es la fuente?- preguntó el
caballero.
-Es el poder misterioso e invisible
que es el origen de todo.
-No entiendo- dijo el caballero.
-Eso se debe a que intentáis
comprender con la mente, pero vuestra mente es limitada.
-Tengo una mente muy buena- le
discutió el caballero.
-E inteligente- añadió Merlín -ella te
atrapó en esa armadura.
El caballero no pudo refutar eso.
Luego recordó algo que Merlín le había dicho nada mas llegar.
-Una vez dijisteis que me había puesto
esta armadura porque tenia miedo.
-No es eso verdad?- respondió Merlín.
-No, la llevaba para protegerme cuando
iba a la batalla.
-Y temíais que os hirieran de gravedad
o que os mataran- añadió Merlín.
-Acaso no lo teme todo el mundo?
Merlín negó con la cabeza.
-Y quien os dijo que teníais que ir a
la batalla?
-Tenía que demostrar que era un
caballero bueno, generosos y amoroso.
-Si realmente erais bueno, generoso y
amoroso, por que teníais que demostrarlo?- pregunto Merlín.
El caballero eludió tener que pensar
en eso de la misma manera que solía eludir todas las cosas: se puso a dormir.
A la mañana siguiente, despertó con un
pensamiento clavado en su mente: Era posible que no fuera bueno, generoso y
amoroso? Decidió preguntárselo a Merlín. -Qué pensáis vos?- replico Merlín.
-Por que siempre respondéis a una
pregunta con otra pregunta?
-Y por que siempre buscáis que otros
os respondan vuestras preguntas?
El caballero se marchó enfadado,
maldiciendo a Merlín entre dientes.
-Ése Merlín!- masculló -Hay veces que
realmente me saca de mi armadura!
Con un ruido seco, el caballero dejo
caer su pesado cuerpo bajo un árbol para reflexionar sobre las preguntas del
mago.
Que pensaba en realidad?
-Podría ser- dijo en voz alta a nadie
en particular -que yo no fuera bueno, generoso y amoroso?
-Podría ser- dijo una vocecita -Si no,
por que estáis sentado sobre mi cola?
-Eh?- el caballero miro hacia abajo y
vio a una pequeña ardilla sentada a su lado. Es decir, a casi toda la ardilla.
Su cola estaba escondida.
-Oh, perdona!- dijo el caballero,
moviendo rápidamente la pierna para que la ardilla pudiera recuperar su cola.
-Espero no haberte hecho daño. No veo muy bien con esta visera en mi camino.
-No lo dudo- replico la ardilla sin
ningún resentimiento en la voz. -Por eso siempre estáis pidiendo disculpa a la
gente por haberles hecho daño.
-La única cosa que me irrita mas que
un mago sabelotodo es una ardilla sabelotodo- gruñó el caballero. -No tengo por
que quedarme aquí y hablar contigo.
Lucho contra el peso de la armadura en
un intento por ponerse de pie. De repente, sorprendido, balbuceó:
-Eh... tu y yo estamos hablando!
-Un tributo a mi buena fe- replico la
ardilla -teniendo en cuenta que os habéis sentado sobre mi cola.
-Pero si los animales no pueden
hablar- dijo el caballero.
-Oh, claro que pueden- dijo la
ardilla. -Lo que pasa es que la gente no escucha.
El caballero movió la cabeza perplejo.
-Me has hablado antes?
-Claro, cada vez que rompía una nuez y
la empujaba por vuestra visera.
-Cómo es que te puedo oír ahora si no
te podía oír entonces?
-Admiro una mente inquisitiva- comento
la ardilla -pero nunca aceptáis nada tal como es, simplemente como es?
-Estás respondiendo a mis preguntas
con preguntas- dijo el caballero -Has pasado demasiado tiempo con Merlín.
-Y vos no habéis pasado el tiempo
suficiente con él!
La ardilla le dio un ligero golpe al
caballero con su cola y trepo a un árbol corriendo. El caballero la llamó.
-Espera! Cómo te llamas?
-Ardilla- replicó ella simplemente, y
desapareció en la copa del árbol.
Aturdido, el caballero movió la
cabeza. Se había imaginado todo esto? En este preciso instante, vio a Merlín
acercarse.
-Merlin- dijo -Tengo que salir de
aquí. He empezado a hablar con ardillas. -Espléndido- replico el mago.
El caballero le miró preocupado.
-Cómo que espléndido? Que queréis
decir?
-Simplemente eso. Os estáis volviendo
lo suficientemente sensible como para sentir las vibraciones de otros.
El caballero estaba obviamente
confundido, asi que Merlín continuo explicando:
-No hablasteis con la ardilla con
palabras, sino que sentisteis sus vibraciones, y tradujisteis esas vibraciones
en palabras. Estoy esperando el día en que empecéis a hablar con las flores.
-Eso será el día que las plantéis en
mi tumba. Tengo que salir de estos bosques!
-Adónde iríais?
-Regresaría con Julieta y Cristóbal.
Han estado solos durante mucho tiempo. Tengo que volver y cuidar de ellos.
-Cómo podéis cuidar de ellos si ni
siquiera podéis cuidar de vos mismo?- pregunto Merlín.
-Pero les hecho de menos- se quejo el
caballero -Quiero regresar con ellos. Aun en el peor de los casos.
-Y es exactamente asi como regresareis
si vais con vuestra armadura- le previno Merlín.
El caballero miró a Merlín con
tristeza.
-No quiero esperar a quitarme la
armadura. Quiero volver ahora y ser un marido bueno, generoso y amoroso para
Julieta y un gran padre para Cristóbal.
Merlín asintió comprensivo. Le dijo al
caballero que regresar para dar de sí mismo era un maravilloso regalo.
-Sin embargo- añadió- un don, para ser
un don, debe ser aceptado. De no ser asi es como una carga para las personas.
-Queréis decir que tal vez no quieran
que regrese?- pregunto el caballero sorprendido -Seguramente me darían otra
oportunidad. Después de todo, yo soy uno de los mejores caballeros del reino.
-Quizás esa armadura sea mas gruesa de
lo que parece- dijo Merlín con suavidad.
El caballero reflexiono sobre esto.
Recordó las eternas quejas de Julieta porque el se iba a la batalla tan a
menudo, por la atención que le prestaba a su armadura, y por su visor cerrado y
su costumbre de quedarse dormido para no oír sus palabras. Quizá Julieta no
quisiera que él volviera, pero Cristóbal si quería.
-Por que no mandarle una nota a
Cristóbal y preguntárselo?- sugirió Merlín.
El caballero estuvo de acuerdo en que
era una buena idea, pero... como podía hacerle llegar una nota a Cristóbal?
Merlín señaló a la paloma que estaba
posada sobre su hombro.
Rebecca la llevara.
El caballero estaba perplejo.
-Ella no sabe dónde vivo. Es solo un
estúpido pájaro.
-Puedo distinguir el norte del sur y
el este del oeste- contesto secamente Rebecca -lo cual es mas de lo que se
podría decir de vos.
El caballero se disculpo rápidamente.
Estaba completamente pasmado. No solo había hablado con una paloma y una
ardilla, sino que, además, las había hecho enfadar a las dos en el mismo día.
Como era un pájaro de gran corazón,
Rebecca acepto las disculpas del caballero y partió con la nota para Cristóbal
en el pico.
-No arrulles con palomas extrañas o
dejaras caer mi nota- le grito el caballero.
Rebecca ignoro este comentario
desconsiderado, pues se daba cuenta de que el caballero tenia mucho que
aprender.
Paso una semana, y Rebecca aun no
había regresado. El caballero estaba cada vez mas impaciente, temiendo que
hubiera caído presa de alguno de los halcones de caza que el y otros caballeros
habían entrenado. Se estremeció, preguntándose como había podido participar en
un deporte tan sucio, y se arrepintió otra vez de su horrible equivocación.
Cuando Merlín terminó de tocar su laúd
y de cantar Tendrás un largo y frío invierno, si tienes un corto y frío
corazón, el caballero le expreso sus preocupaciones con respecto a Rebecca.
Merlín le dio confianza con un alegre
verso:
-La paloma más lista que jamas haya
volado, no puede ir a parar a ningún guisado.
En ese momento, un gran parloteo se
levanto entre los animales. Todos miraban al cielo, asi que Merlín y el
caballero miraron también. Muy alto, sobre sus cabezas, dando círculos para
aterrizar, estaba Rebecca.
El caballero se puso de pie con gran
esfuerzo, al tiempo que Rebecca se posaba en el hombro de Merlín. Cogiendo la
nota de su pico, el mago la miro y le dijo al caballero con gravedad que era de
Cristóbal.
-Dejádmela ver!- dijo el caballero,
quitándole el papel con impaciencia. Dejó caer la mandíbula con un ruido al
tiempo que miraba, incrédulo, el papel -Está en blanco!- exclamo -Qué quiere
decir esto?
-Quiere decir- dijo Merlín suavemente
-que vuestro hijo no os conoce lo suficiente como para daros una respuesta.
El caballero permaneció quieto un
momento, pasmado, luego lanzo un gemido y lentamente cayo al suelo. Intento
retener las lagrimas, pues los caballeros de brillante armadura simplemente no
lloran. Sin embargo, pronto su pena le venció. Luego, exhausto y medio ahogado
en su yelmo por las lagrimas, el caballero se quedó dormido.
3.- EL SENDERO DE LA VERDAD
Cuando el caballero despertó, Merlín
estaba sentado silenciosamente a su lado.
-Siento no haber actuado como un
caballero- dijo -Mi barba esta hecha una sopa- añadió disgustado.
-No os excuséis- dijo Merlín -Acabáis
de dar el primer paso para liberaros de vuestra armadura.
-Qué queréis decir?
-Ya lo veréis- replico el mago. Se
puso de pie -Es hora de que os vayáis.
Esto molesto al caballero. Estaba
empezando a disfrutar de estar en el bosque con Merlín y los animales. De
cualquier manera, le parecía que no tenia adonde ir. Aparentemente, Julieta y
Cristóbal no lo querían en casa. Es verdad que podía volver al asunto de la
caballería e ir a alguna cruzada. Tenia buena reputación en batalla, y había
muchos reyes que se sentirían felices teniéndolo a su lado, pero ya no le
parecía que luchar pudiese tener sentido.
Merlín le recordó al
caballero su nuevo propósito: liberarse de su armadura.
-Por que molestarse?- pregunto el
caballero ásperamente -A Julieta y Cristóbal les da igual si me la quito o no.
-Hacedlo por vos mismo- sugirió Merlín
-El estar atrapado entre todo ese acero os ha causado muchos problemas, y las
cosas empeoraran con el paso del tiempo. Incluso podrías morir a causa de una
neumonía por culpa de una barba empapada.
-Supongo que si, mi barba se ha
convertido en un fastidio- replico el caballero Estoy cansado de cargar con
ella y estoy harto de comer papillas. Ahora que lo pienso, ni siquiera me puedo
rascar la espalda cuando me pica.
-Y cuando fue la ultima vez que
sentisteis el calor de un beso, olisteis la fragancia de una flor, o
escuchasteis una hermosa melodía sin que vuestra armadura se interpusiera entre
vosotros?
-Ya ni me acuerdo- murmuro el
caballero con tristeza -Tenéis razón, Merlín. Tengo que liberarme de esta
armadura por mí mismo.
-No podéis continuar viviendo y
pensando como lo habéis hecho hasta ahora- dijo Merlín -Fue así como os
quedasteis atrapado en ese montón de acero al principio.
-Pero, como puedo cambiar todo eso?-
pregunto el caballero intranquilo.
-No es tan difícil como parece-
explico Merlín, conduciendo al caballero hacia un sendero -Éste es el sendero
que seguisteis para llegar a estos bosques.
-Yo no seguí ningún sendero- dijo el
caballero -Estuve perdido durante meses!
-La gente no suele percibir el sendero
por el que transita- replico Merlín.
-Queréis decir que el sendero estaba
ahí pero yo no lo podía ver?
-Sí, y podéis regresar por el mismo,
si así lo deseáis; pero conduce a la deshonestidad, la avaricia, el odio, los
celos, el miedo y la ignorancia.
-Estáis diciendo que yo soy todo eso?-
pregunto el caballero indignado.
-En algunos momentos, sois alguna de
esas cosas- admitió Merlín en voz baja.
El mago señalo hacia otro sendero. Era
mas estrecho que el primero y muy empinado.
-Parece una escalada difícil- observo
el caballero.
-Ese- dijo Merlín asintiendo -es el
sendero de la verdad. Se vuelve mas empinado a medida que se acerca a la cima
de una lejana montaña.
El caballero contempló el empinado
camino sin entusiasmo.
-No estoy seguro de que valga la pena.
Que conseguiré cuando llegue a la cima?
-Se trata de lo que no tendréis-
explico Merlín -Vuestra armadura!
El caballero reflexiono sobre esto. Si
regresaba por el camino que había venido, no tendría esperanzas de liberarse de
su armadura y, probablemente, moriría de soledad y de fatiga. La única manera
de quitarse la armadura era, por lo visto, seguir el sendero de la verdad,
aunque pudiese, en tal caso, morir intentando trepar hacia la empinada montaña.
El caballero observó el difícil
sendero que tenia delante. Luego miro hacia abajo, y contemplo el acero que
cubría su cuerpo.
-Está bien- dijo con resignación
-Probaré el sendero de la verdad.
Merlín asintió.
-Vuestra decisión de transitar un
sendero desconocido, teniendo que cargar con una pesada armadura, requiere
mucho coraje.
El caballero sabia que tenia que
comenzar de inmediato, porque, si no, podría cambiar de opinión.
-Iré a buscar mi fiel caballo- dijo.
-Oh, no- rebatió Merlín, moviendo la
cabeza de lado a lado. -El camino tiene partes demasiado estrechas como para
que un caballo pueda pasar. Tendréis que ir a pie.
Horrorizado, el caballero se dejo caer
sobre una roca.
-Creo que prefiero morir por culpa de
una barba empapada- dijo, perdiendo todo el coraje con una rapidez
impresionante.
-No tendréis que viajar solo- le dijo
Merlín -Ardilla os acompañara.
-Qué pretendéis, que cabalgue sobre
una ardilla?- pregunto el caballero, asustado ante la idea de tener por
compañera en tan arduo viaje a un animal sabelotodo.
-Puede que no me puedais montar- dijo
la ardilla -pero me necesitareis para que os ayude a comer. Quién, si no,
masticara las nueces para vos y las pasara por vuestra visera?
Cuando Rebecca oyó la conversación,
voló desde un árbol cercano y se poso en el hombro del caballero.
-Yo también os acompañare. He estado
en la cima de la montaña y conozco el camino- dijo.
La buena disposición que mostraban los
dos animales para ayudarle, proporciono al caballero el coraje que necesitaba.
"Bueno, bueno -se dijo-, uno de
los principales caballeros del reino necesitando que una ardilla y un pájaro le
den coraje!".
Se puso de pie con gran esfuerzo,
indicándole a Merlín que estaba listo para comenzar el viaje.
Mientras caminaban por el sendero, el
mago saco una exquisita llave dorada de su cuello y se la dio al caballero.
-Ésta llave abrirá las puertas de los
tres castillos que bloquearan vuestro camino.
-Lo sé!- grito el caballero -Habrá una
princesa en cada castillo, y matare al dragón que la retiene y la rescatare...
-Basta!- lo interrumpió Merlín -No
habrá princesas en ninguno de esos castillos. E, incluso si las hubiese, en
estos momentos no estáis capacitado para rescatar a ninguna. Tenéis que
aprender a salvaros vos primero.
Tras la reprimenda, el caballero
permaneció en silencio, mientras Merlín continuaba:
-El primer castillo se llama silencio;
el segundo conocimiento y el tercero voluntad y osadía. Una vez hayáis entrado
en ellos, encontrareis la salida solo cuando hayáis aprendido lo que habéis ido
a aprender.
Desde el punto de vista del caballero,
esto no parecía tan divertido como rescatar princesas. Además, en aquel momento
de su vida, visitar castillos no era lo que más le apetecía.
-Por que no puedo
simplemente rodear los castillos?- pregunto malhumorado.
-Si lo hacéis, os extraviareis del
sendero y seguramente os perderéis. La única manera de llegar a la cima de la
montaña es atravesando los castillos- dijo Merlín firmemente.
El caballero suspiro profundamente
mientras contemplaba la empinada y estrecha senda. Desaparecía entre los altos
arboles que sobresalían hacia unas nubes bajas. Presintió que este viaje seria
mucho más difícil que una cruzada.
Merlín sabia lo que el caballero
estaba pensando.
-Si- afirmo, -es una batalla diferente
la que tendréis que librar en el sendero de la verdad. La lucha será aprender a
amaros.
-Cómo haré eso?- pregunto el
caballero.
-Empezaréis por aprender a conoceros-
respondió Merlín. -Ésta batalla no se puede ganar con la espada, asi que la
tendréis que dejar aquí- la tierna mirada de Merlín descanso en el caballero
por un momento. Luego añadió: -Si os encontráis con algo con lo que no podáis
lidiar, llamadme, y yo acudiré..
-Queréis decir que podéis aparecer
donde quiera que yo me encuentre?
-Cualquier mago que se precie lo puede
hacer- replico Merlín. Dicho esto, desapareció.
El caballero quedo asombrado.
-Pero bueno... si ha desaparecido!
Ardilla asintió.
-A veces realmente la hace buena.
-Gastaréis toda vuestra energía
hablando- les riño Rebecca.
-Pongámonos en marcha.
El yelmo del caballero emitió un
chirrido cuando este asintió. Partieron con Ardilla al frente y, detrás el
caballero con Rebecca sobre su hombro. De tanto en tanto, Rebecca volaba en
misión exploratoria y volvía para informarles de lo que les esperaba mas
adelante.
Después de unas horas, el caballero se
derrumbo, exhausto y dolorido. No estaba acostumbrado a viajar sin caballo y
con la armadura puesta. Como de todas maneras era casi de noche, Rebecca y
Ardilla decidieron parar para dormir.
Rebecca voló entre los arbustos y
regreso con algunas bayas, que empujo a través de los orificios de la visera
del caballero. Ardilla fue a un arroyo cercano y lleno algunas cascaras de nuez
con agua, que el caballero bebió con la pajita que Merlín le había
proporcionado. Demasiado agotado como para esperar a que Ardilla le preparara
mas nueces, se quedo dormido.
A la mañana siguiente le despertó el
sol cayendo sobre sus ojos. La luminosidad le molestaba. Su visera nunca había
dejado pasar tanta luz. Mientras intentaba entender este fenómeno, se dio
cuenta de que Ardilla y Rebecca le estaban observando, al tiempo que
parloteaban y arrullaban con excitación. Hizo un esfuerzo por sentarse y, de
repente, se dio cuenta de que podía ver mucho mas que el día anterior, y que
podía sentir la fresca brisa en sus mejillas.
Una parte de su visera se había roto y
se había caído!
"Cómo habrá sucedido?", Se
pregunto.
Ardilla contesto a la pregunta que el
no había formulado en voz alta.
-Se ha oxidado y se ha caído.
-Pero, como?- pregunto el caballero.
-Por las lagrimas que derramasteis
después de ver la carta en blanco de vuestro hijo- dijo Rebecca.
El caballero medito sobre esto. La
pena que había sentido era tan profunda que su armadura no había podido
protegerle. Al contrario, sus lagrimas habían comenzado a deshacer el acero que
le rodeaba.
-Eso es!- grito. -Las lagrimas de
auténticos sentimientos me liberaran de la armadura!
Se puso de pie más rápido de lo que lo
había hecho en años.
-Ardilla! Rebecca!- grito -Espabilad!
Vamos al sendero de la verdad!
Rebecca y Ardilla estaban tan llenas
de alegría con lo que estaba sucediéndole al caballero que no le dijeron que su
rima era malisima. Los tres continuaron la ascensión de la montaña. Era un día
muy especial para el caballero. Noto las diminutas partículas iluminadas por el
sol que flotaban en el aire, filtrándose a través de las ramas de los arboles.
Miro con detenimiento las caras de algunos petirrojos y vio que no eran todas
iguales. Le comento esto a Rebecca, que dio pequeños saltitos, arrullando
alegremente.
-Estáis empezando a ver las
diferencias en otras formas de vida porque estáis empezando a ver las
diferencias en vuestro interior.
El caballero intento comprender que
quería decir Rebecca exactamente. Era demasiado orgulloso para preguntar, pues
todavía pensaba que un caballero tenia que ser mas listo que una paloma.
En ese preciso momento, Ardilla, que
había ido a explorar, regresaba alborotada.
-El castillo del silencio esta justo
detrás de la próxima subida.
Emocionado ante la idea de ver el
castillo, el caballero apuro el paso. Llego a la cima del monte sin aliento.
Era verdad, el castillo se veía a lo lejos, bloqueando el sendero por completo.
El caballero les confeso a Ardilla y Rebecca que estaba decepcionado. Había
esperado una estructura más elegante. En lugar de eso, el castillo del silencio
parecía uno mas.
Rebecca rió y dijo:
-Cuándo aprendáis a aceptar en lugar
de esperar, tendréis menos decepciones.
El caballero asintió ante la sabiduría
de estas palabras.
-He pasado casi toda mi vida
decepcionándome. Recuerdo que, estando en la cuna, pensaba que era el bebe mas
bonito del mundo. Entonces mi niñera me miro y dijo: "Tenéis una cara que
solo una madre podría amar". Me sentí decepcionado por ser feo en lugar de
hermoso, y me decepciono que la niñera fuera tan poco amable.
-Si realmente os hubierais sentido
hermoso, no os hubiera importado lo que ella dijo. No os hubieras sentido
decepcionado- explico Ardilla.
Eso tenia sentido para el caballero.
-Estoy empezando a pensar que los
animales son mas listos que las personas.
-El hecho de que podáis decir eso os
hace tan listo como nosotros- replico
Ardilla.
-No creo que todo esto tenga nada que
ver con ser listo- dijo Rebecca. -Los animales aceptan y los humanos esperan.
Nunca oiréis a un conejo decir "Espero que el sol salga esta mañana para
poder ir al lago a jugar". Si el sol no sale, no le estropeara el día al
conejo. Es feliz siendo un conejo.
El caballero penso en esto. No
recordaba a ninguna persona que fuera feliz simplemente por ser persona.
Al poco rato llegaron a la puerta del
enorme castillo. El caballero cogió la llave dorada de su cuello y la introdujo
en la cerradura. Y mientras abría la puerta, Rebecca le dijo:
-Nosotras no iremos contigo.
El caballero, que estaba empezando a
amar y confiar en los animales, se sintió decepcionado por que no le
acompañaran. Estaba a punto de decirlo, cuando se dio cuenta. Estaba esperando
otra vez.
Los animales sabían que el
caballero dudaba entre entrar o no en el castillo.
-Os podemos mostrar la puerta- dijo
Ardilla, -pero tendréis que entrar solo.
Al alejarse volando, Rebecca le llamo
alegremente.
-Nos encontraremos al otro lado.
33
4.- EL
CASTILLO DEL SILENCIO
Abandonado a su suerte, el caballero
asomo la cabeza por la puerta del castillo. Las rodillas le temblaban
ligeramente, por lo que producía un ruido metálico a causa de su armadura. Como
no quería parecer una gallina frente a una paloma, en caso de que Rebecca
pudiera verle, reunió fuerzas y entro valientemente, cerrando la puerta a sus
espaldas.
Por un momento deseo no haber dejado
atrás su espada, pero Merlín le había prometido que no tendría que matar
dragones, y el caballero confiaba plenamente en el mago.
Entro en la enorme antesala del
castillo y miro a su alrededor. Solo vio el fuego que ardía en una enorme
chimenea de piedra en uno de los muros y tres alfombras en el suelo. Se sentó
en la alfombra mas cercana al fuego.
El caballero pronto se dio cuenta de
dos cosas: primero, parecía no haber ninguna puerta que lo condujera fuera de
la habitación, hacia otras áreas del castillo. Segundo, había un extraordinario
y aterrador silencio. Se sobresalto al notar que el fuego ni siquiera
chasqueaba. El caballero pensaba que su castillo era silencioso, especialmente
en las épocas en que Julieta no le hablaba durante dias, pero aquello no era
nada comparado con esto. El castillo del silencio hacia honor a su nombre,
penso. Jamas en su vida se había sentido tan solo.
De repente, el caballero se sobresalto
por el sonido de una voz familiar a sus espaldas.
-Hola, caballero.
El caballero se giro y se sorprendió
al ver al rey aproximarse desde una esquina lejana de la habitación.
-Rey!- dijo con la voz entrecortada
-Ni siquiera os había visto. Que estáis haciendo aquí?
-Lo mismo que vos, caballero: buscando
la puerta.
El caballero miro a su alrededor otra
vez.
-No veo ninguna puerta.
-Uno no puede ver realmente hasta que
comprende- dijo el rey. -Cuando comprendáis lo que hay en esta habitación,
podréis ver la puerta que conduce a la siguiente.
-Definitivamente, eso espero, rey-
dijo el caballero. -Me sorprende veros aquí. Había oído que estabais en una
cruzada.
-Eso es lo que dicen siempre que viajo
por el sendero de la verdad- explico el rey. -Mis súbditos lo entienden mejor
asi.
El caballero parecía perplejo.
-Todo el mundo entiende las cruzadas-
dijo el rey -pero muy pocos comprenden la verdad.
-Si- asintió el caballero. -Yo mismo
no estaría en este sendero si no estuviera atrapado en esta armadura.
-La mayoría de la gente esta atrapada
en su armadura- declaro el rey.
-Qué queréis decir?- pregunto el
caballero.
-Ponemos barreras para protegernos de
quienes creemos que somos. Luego un día quedamos atrapados tras las barreras y
ya no podemos salir.
-Nunca pense que vos estuvierais
atrapado, rey. Sois tan sabio...- dijo el caballero.
El rey soltó una carcajada.
-Soy lo suficientemente sabio como
para saber cuando estoy atrapado, y también para regresar aquí para aprender
mas de mi mismo.
El caballero estaba entusiasmado,
pensando que quizás el rey podría mostrarle el camino.
-Decidme- dijo el caballero, su rostro
iluminado, -podríamos atravesar el castillo juntos? Asi no seria tan
solitario...
El rey negó con la cabeza.
-Una vez lo intente. Es verdad que mis
compañeras y yo no nos sentíamos solos porque hablábamos constantemente, pero
cuando uno habla es imposible ver la puerta de salida de esta habitación.
-Quizá podríamos limitarnos a caminar
juntos, sin hablar- sugirió el caballero. No le apetecía mucho tener que
caminar solo por el castillo del silencio.
El rey volvió a negar con la cabeza,
esta vez con mas fuerza.
-No, también lo intente. Hizo que el
vacío fuera menos doloroso, pero tampoco pude ver la puerta de salida.
El caballero protesto.
-Pero si no estabais hablando...
-Permanecer en silencio es algo mas
que no hablar- dijo el rey. -Descubrí que, cuando estaba con alguien, mostraba
solo mi mejor imagen. No dejaba caer mis barreras, de manera que ni yo ni la
otra persona podíamos ver lo que yo intentaba esconder.
-No lo capto- dijo el caballero.
-Lo comprenderéis- replico el rey
-cuando hayáis permanecido aquí el tiempo suficiente. Uno debe estar solo para
poder dejar caer su armadura.
El caballero estaba desesperado.
-No quiero quedarme aquí solo!-
exclamo, golpeando el duelo con el pie, y dejándolo caer involuntariamente
sobre el pie del rey.
El rey grito de dolor y comenzó a dar
saltos.
El caballero estaba horrorizado!
Primero al herrero; ahora al rey.
-Perdonad señor- dijo, disculpándose.
El rey acaricio su pie con suavidad.
-Oh, bueno. Esa armadura os hace mas
daño a vos que a mi- luego, miro al caballero con expresión sabia. -Comprendo
que no queráis quedaros solo en el castillo. Yo tampoco lo deseaba las primeras
veces que estuve aquí, pero ahora me doy cuenta de que lo que uno ha de hacer
aquí, lo ha de hacer sólo-. Dicho esto, se alejo cojeando al tiempo que decía:
-ahora debo irme.
Perplejo, el caballero pregunto:
-Adónde vais? La puerta esta por aquí.
-Esa puerta es solo de entrada. La
puerta que lleva a la siguiente habitación esta en la pared mas lejana. La vi,
por fin, cuando vos entrabais- dijo el rey.
-Qué queréis decir con que por fin la
visteis? No recordabais donde estaba, de las otras veces que estuvisteis aquí?-
pregunto el caballero, sin comprender por que el rey continuaba viniendo.
-Uno nunca acaba de viajar por el
sendero de la verdad. Cada vez que vengo, a medida que voy comprendiendo cada
vez mas, encuentro nuevas puertas-. El rey se despidió con la mano. -Trataos
bien, amigo mio.
-Aguardad, por favor!- le suplico el
caballero.
El rey se volvió y le miro con
compasión.
-Si?
El caballero, que no podía hacer que
tambalease la resolución del rey, pidió:
-Hay algún consejo que me podáis dar
antes de iros?
El rey lo penso un momento, luego
respondió:
-Éste es un nuevo tipo de cruzada para
vos, querido caballero: una que requiere mas coraje que todas las otras batallas
que habéis conocido antes. Si lográis reunir las fuerzas necesarias y quedaros
para hacer lo que tenéis que hacer aquí, será vuestra mayor victoria.
Dicho esto, el rey se giro y,
estirando el brazo como para abrir una puerta, desapareció en la pared, dejando
perplejo al caballero.
El caballero corrió al sitio donde
había estado el rey, esperando que, de cerca, también podría ver la puerta. Al
encontrar tan solo lo que parecía ser una pared sólida, comenzó a caminar por
toda la habitación. Lo único que el caballero podía oír era el sonido de su
armadura resonando por todo el castillo.
Después de un rato, se sentía mas
deprimido que nunca. Para animarse, canto un par de canciones de batalla:
Estare contigo para llevarte a una cruzada, cariño y dondequiera que deje mi
yelmo, esa será mi casa. Las canto una y otra vez.
A medida que su voz se fue cansando,
la quietud comenzó a ahogar su canto, envolviéndolo en el silencio más
absoluto. Solo entonces pudo el caballero admitir francamente algo que ya sabia:
tenia miedo de estar solo.
En ese momento, vio una puerta en la
parte más lejana de la habitación. Fue hasta ella, la abrió lentamente y entro
en otra habitación. Esta otra sala se parecía mucho a la anterior, solo que era
más pequeña. También esta estaba vacía de todo sonido.
Para pasar el tiempo, el caballero
comenzó a hablar consigo mismo. Decía cualquier cosa que le venia a la mente.
Hablo de cómo era de pequeño y de que manera era diferente de los otros niños
que conocía. Mientras cazaban codornices y jugaban a "ponle la cola al
burro", el se quedaba en casa y leía. Como en aquel entonces los libros
eran manuscritos por los monjes, había pocos y, muy pronto, los hubo leído
todos. Fue entonces cuando comenzó a hablar con todo aquel que pasaba delante
de el. Cuando no había con quien hablar, hablaba consigo mismo, igual que
ahora. Se encontró diciendo que había hablado toda su vida para evitar sentirse
solo.
El caballero penso profundamente sobre
esto hasta que el sonido de su propia voz rompió el aterrador silencio.
-Supongo que siempre he tenido miedo
de estar solo.
Mientras pronunciaba estas palabras,
otra puerta se hizo visible. El caballero la abrió y entro en la siguiente
habitación. Era más pequeña aun que la anterior.
Se sentó en el suelo y continuo
pensando, al poco rato, le vino el pensamiento de que durante toda su vida
había perdido el tiempo hablando de lo que había hecho y de lo que iba a hacer.
Nunca había disfrutado de lo que pasaba en el momento. Y entonces apareció otra
puerta. Llevaba a una habitación aun mas pequeña que las anteriores.
Animado por su progreso, el caballero
hizo algo que nunca antes había hecho. Se quedo quieto y escucho el silencio.
Se dio cuenta de que, durante la mayor parte de su vida, no había escuchado
realmente a nadie ni a nada. El sonido del viento, de la lluvia, el sonido del
agua que corre por los arroyos, habían estado siempre ahí, pero en realidad
nunca los había oído. Tampoco había oído a Julieta, cuando ella intentaba
decirle como se sentía; especialmente cuando estaba triste. Le hacia recordar
que el también estaba triste. De hecho, una de4 las razones por las que había
decidido dejarse la armadura puesta todo el tiempo era porque asi ahogaba la
triste voz de Julieta. Todo lo que tenia que hacer era bajar la visera y ya no
la oía.
Julieta debía de haberse sentido muy
sola hablando con un hombre envuelto en acero; tan sola como el se había
sentido en esta lúgubre habitación. Su propio dolor y su soledad afloraron.
Comenzó a sentir el dolor y la soledad de Julieta también. Durante años, la
había obligado a vivir en un castillo de silencio. Se puso a llorar.
El caballero lloro tanto que las
lagrimas se derramaron por los agujeros de la visera y empaparon la alfombra
que había debajo de el. Las lagrimas fluyeron hacia la chimenea y apagaron el
fuego. En realidad, toda la habitación había empezado a inundarse, y el
caballero se hubiera ahogado si no fuera porque en ese preciso instante
apareció otra puerta.
Aunque estaba exhausto por el diluvio,
se arrastro hasta la puerta, la abrió y entro en una habitación que no era
mucho mayor que el establo de su caballo.
-Me pregunto por que las habitaciones
son cada vez más pequeñas- dijo en voz alta.
Una voz replico:
-Porque os estáis acercando a vos
mismo.
Sobresaltado, el caballero miro a su
alrededor. Estaba solo, o eso había creído. Quién había hablado?
-Tu has hablado- dijo la voz como
respuesta a su pensamiento.
La voz parecía venir de dentro de sí
mismo. Era eso posible?
-Si, es posible- respondió la voz.
-Soy tu yo verdadero.
-Pero si yo soy mi yo verdadero-
protesto el caballero.
-Mírate- pronuncio la voz con ligera
aversión, - ahí sentado medio muerto, dentro de ese montón de lata, con la
visera oxidada y la barba hecha una sopa. Si tu eres tu verdadero yo, los dos
estamos en problemas!
-Ahora óyeme tú a mí- dijo el
caballero. -He vivido todos estos años sin oír ni una palabra sobre ti. Ahora
que oigo, lo primero que me dices es que eres mi verdadero yo. Por que no me
habías hablado antes?
-He estado aquí durante años- replico
la voz, -pero esta es la primera vez que estas lo suficientemente silencioso
como para oírme.
El caballero dudo.
-Si tu eres mi verdadero yo, entonces,
por favor, dime, quien soy yo?
La voz replico amablemente:
-No puedes pretender aprender todo de
golpe. Por que no te vas a dormir? -Esta bien- dijo el caballero, -Pero antes,
quiero saber como debo llamarte.
-Llamarme?- pregunto la voz, perpleja,
-Pero si yo soy tu!
-No puedo llamarte yo. Me confunde.
-Esta bien. Llámame Sam.
-Por que Sam?
-Y por que no?- fue la respuesta.
-Tienes que conocer a Merlín- dijo el
caballero, empezando a cabecear de cansancio. Luego se le cerraron los ojos
mientras se sumergía en un profundo y dulce sueño.
Cuando despertó, no sabia donde
estaba. Tan solo era consciente de sí mismo. El resto del mundo parecía haberse
desvanecido. A medida que se fue despertando, el caballero se fue dando cuenta
de que Ardilla y Rebecca estaban sentadas sobre su pecho.
-Cómo habéis entrado aquí?- pregunto.
Ardilla rió.
-No estamos ahí.
-Vos estáis aquí- arrulló Rebecca.
El caballero abrió mas los ojos y se
sentó. Miro a su alrededor sorprendido. Sin lugar a dudas, se encontraba
sentado sobre el sendero de la verdad, al otro lado del castillo del silencio.
-Cómo salí de allí?- pregunto.
Rebecca le respondió:
-De la única manera posible. Pensando.
-Lo ultimo que recuerdo- dijo el
caballero -es que estaba hablando con...- Aquí se detuvo. Quería contarles a
Rebecca y Ardilla acerca de Sam, pero no era fácil de explicar. Además, podía
habérselo imaginado todo. Tenia mucho que pensar. El caballero se rasco la
cabeza, pero tardo un momento en darse cuenta de que en realidad estaba
rascando su propia piel. Se llevo las dos manos envueltas en acero a la cabeza.
Su yelmo había desaparecido! Se toco la cara y la larga barba. -Ardilla!
Rebecca!- grito.
-Ya lo sabemos- dijeron en un alegre
unísono. -Habéis debido llorar otra vez en el castillo del silencio.
-Lo hice- replico el caballero. -Pero,
como puede haberse oxidado todo un yelmo en una noche?
Los animales rieron con estrépito.
Rebecca yacía sin aliento, dando aletazos contar el suelo. Al caballero le
pareció que estaba fuera de sus pajarillos. Exigió que le hicieran saber que
era tan gracioso.
Ardilla fue la primera en recuperar el
aliento.
-No estuvisteis solo una noche en el
castillo.
-Entonces, durante cuanto tiempo?
-Y si os dijera que mientras estabais
ahí dentro pude haber recogido fácilmente mas de cinco mil nueces?
-Diría que estáis loca!- exclamo el
caballero.
-Pues permanecisteis en el castillo
durante mucho tiempo- afirmo Rebecca.
El caballero dejo caer la mandíbula
incrédulo. Miro hacia al cielo y, con una resonante voz, dijo:
-Merlín, debo hablar con vos.
Como había prometido, el mago apareció
inmediatamente. Iba desnudo, a excepción de su larga barba, y estaba
completamente mojado. Parecía que el caballero le había cogido mientras tomaba
un baño.
-Lamento la intrusión- dijo el
caballero, -pero era una urgencia. Yo...
-No hay problema- dijo Merlín,
interrumpiéndolo. -Los magos somos molestados a menudo-. Se sacudió el agua de
la barba.
-Respondiendo a vuestra pregunta, he
de deciros que es verdad.
Permanecisteis en el castillo del
silencio por un largo tiempo.
Merlín no dejaba de sorprender al
caballero.
-Cómo sabíais lo que quería
preguntaros?
-Cómo me conozco, puedo conoceros.
Somos todos parte el uno del otro.
El caballero penso un momento.
-Estoy empezando a entender. He podido
comprender que el dolor de Julieta porque soy parte de ella?
-Si- respondió Merlín. -Por eso
pudisteis llorar por ella y por vos mismo. Fue la primera vez que derramasteis
lagrimas por otra persona.
El caballero le dijo a Merlín que se
sentía orgulloso. El mago sonrío infulgente.
-Uno no debe sentirse orgullosos por
ser humano. Tiene tan poco sentido como que Rebecca se sintiera orgullosa por
poder volar. Rebecca nació con alas. Vos nacisteis con un corazón, y ahora lo
estáis utilizando, como es natural.
-Realmente sabéis como desanimar a un
amigo, Merlín.
-No era mi intención ser duro con vos.
Lo estáis haciendo bien, de no ser asi, no hubieras conocido a Sam.
El caballero se sintió aliviado.
-Entonces, lo oí realmente? No fue
solo mi imaginación?
Merlín soltó una risita ahogada.
-No, Sam es real. De hecho, es un yo
mas real que el que habéis llamado yo durante todos estos años. No os estáis
volviendo loco. Simplemente, estáis empezando a oír a vuestro yo verdadero. Por
esa razón el tiempo transcurrió sin que os dierais cuenta.
-No lo comprendo- dijo el caballero.
-Comprenderéis cuando hayáis pasado
por el castillo del conocimiento.
Antes de que el caballero pudiera
hacer mas preguntas, Merlín desapareció.
5.- EL
CASTILLO DEL CONOCIMIENTO
El caballero, Ardilla y Rebecca
continuaron el viaje por el sendero de la verdad, en dirección al castillo del
conocimiento. Se detuvieron tan solo dos veces ese día, una para comer y otra
para que el caballero afeitara su escuálida barba y cortara su largo cabello
con el borde afilado del guantelete. Una vez hecho esto, el caballero tuvo
mejor aspecto y se sintió mucho mejor, mas libre que antes. Sin el yelmo podía
comer nueces sin la ayuda de Ardilla. Aunque había apreciado la técnica
salvavidas, no consideraba que aquello fuera un modo de vida realmente
elegante. Se podía alimentar también de frutas y raíces a las que se había
acostumbrado. Nunca mas comería paloma ni ninguna otra ave o carne, pues se
daba cuenta que hacerlo seria, literalmente, como comerse a sus amigos.
Justo antes de caer la noche, el trío
continuo caminando penosamente por un monte y contemplo el castillo del
conocimiento en la distancia. Era mayor que el castillo del silencio, y la
puerta era de oro sólido. Era el castillo mas grande que el caballero hubiera
visto jamas, incluso mayor que el que el caballero se había construido. el
caballero contemplo la impresionante estructura y se pregunto quien lo habría
diseñado.
En ese preciso momento, sus pensamientos
fueron interrumpidos por la voz de Sam.
-El castillo del conocimiento fue
diseñado por el propio universo: la fuente de todo conocimiento.
El caballero se sintió sorprendido y a
la vez complacido de volver a oír la voz de Sam.
-Me alegro que hayas vuelto- dijo.
-En realidad, nunca me fui- replico
Sam. -Recuerda que yo soy tu.
-Por favor, no quiero volver a
escuchar eso. Que te parezco ahora que me he afeitado y me he cortado el pelo?
-Es la primera vez que sacas provecho
de ser esquilado- replico Sam.
El caballero rió con la broma de Sam.
Le gustaba su sentido del humor. Si el castillo del conocimiento se asemejaba
al castillo del silencio, estaría feliz de tener a Sam por compañía.
El caballero, Rebecca y Ardilla
cruzaron el puente levadizo por encima del foso y se detuvieron ante la dorada
puerta. El caballero cogió la llave que colgaba de sus cuello e hizo girar la
cerradura. Al abrir la puerta, le pregunto a Rebecca y a Ardilla si se irían
como lo habían hecho en el castillo del silencio.
-No- replico Rebecca. -El silencio es
para uno; el conocimiento es para todos.
El caballero se pregunto como era
posible que se considerara a una paloma un blanco fácil.
Los tres atravesaron la puerta y
penetraron en una oscuridad tan densa que el caballero no podía ver ni su
propia mano. El caballero busco a tientas las acostumbradas antorchas que
suelen estar en la entrada de los castillos, pero no había ninguna. Un castillo
con puerta de oro y sin antorchas?
-Incluso los castillos de la zona
barata tienen antorchas- refunfuño el caballero al tiempo que Ardilla lo
llamaba.
El caballero tanteo el camino hasta
donde se encontraba ella y vio que estaba señalando una inscripción que
brillaba en la pared. Ponía:
"El conocimiento es la luz que
iluminara vuestro camino"
"Preferiría una antorcha",
penso el caballero, "quienquiera que sea el que gestiona este castillo,
esta decidido a reducir las facturas de la luz"
Sam hablo:
-Significa que cuantas mas cosas
sepas, mas luz habrá en el interior del castillo.
-Apuesto a que tienes razón, Sam!-
exclamo el caballero. Y un rayo de luz se filtro en la habitación.
En ese preciso momento, Ardilla volvió
a llamar al caballero para que se reuniera con ella. Había encontrado otra
brillante inscripción grabada en la pared:
Habéis confundido la necesidad con el
amor?
Todavía perturbado, el caballero
mascullo:
-Supongo que tengo que encontrar la
respuesta para conseguir un poco mas de luz.
-Lo estas cogiendo rápidamente-
replico Sam, a lo que el caballero respondió bufando:
-No tengo tiempo para jugar a
preguntas y respuestas. Quiero encontrar mi camino por el castillo para poder
llegar pronto a la cima de la montaña!
-Tal vez lo que tengáis que aprender
aquí sea que tenéis todo el tiempo del mundo- sugirió Rebecca.
El caballero no estaba de un animo muy
receptivo, y no tenia ganas de oír su filosofía. Por un momento considero la
posibilidad de internarse en la oscuridad del castillo e intentar atravesarlo.
La negrura, sin embargo, era bastante intimidadora y, sin su espada, se sentía
temeroso. Le pareció que la única alternativa que le quedaba era intentar
descifrar el significado de la inscripción. Suspiro y se sentó ante ella. La
leyó otra vez: habéis confundido la necesidad con el amor?
El caballero sabia que amaba a Julieta
y a Cristóbal, aunque tenia que admitir que había amado mas a Julieta antes de
que le diera por ponerse bajo los toneles de vino y vaciar su contenido en su
boca.
Sam dijo:
-Si, amabais a Julieta y a Cristóbal,
pero, no los necesitabais también?
-Supongo que si- admitió el caballero.
Había necesitado toda la belleza que
Julieta le añadió a su vida con su inteligencia y su encantadora poesía.
También había necesitado las cosas agradables que ella solía hacer, como
invitar amigos para que lo animaran, después de que se quedara atrapado en su
armadura.
Se acordó de las épocas en las que el
asunto de la caballería había estado bajo mínimos y no se podían permitir
comprar ropa nueva o contratar sirvientes. Julieta había confeccionado hermosos
vestidos para la familia y había preparado deliciosos platos para el caballero
y sus amigos. El caballero reconoció que Julieta había mantenido siempre el
castillo muy limpio. Y él le había dado muchos castillos para limpiar. A menudo
habían tenido que mudarse a un castillo mas barato cuando él había regresado de
las cruzadas sin un chavo. Había dejado que Julieta hiciera casi todas las
mudanzas ella sola, pues el solía estar siempre en algún torneo. Recordó su
aspecto agotado mientras llevaba sus pertenencias de un castillo a otro, y como
se había puesto cuando se vio imposibilitada de tocarlo por causa de la armadura.
-No fue entonces cuando Julieta
comenzó a ponerse bajo los toneles de vino?- pregunto Sam suavemente.
El caballero asintió, y las lagrimas
brotaron de sus ojos. Después, se le ocurrió algo espantoso: no había querido
culparse de las cosas que hacia. Había preferido culpar a Julieta por todo el
vino que bebía. De hecho, le venia bien que ella bebiera, asi podía decir que
todo era por su culpa, incluyendo el hecho de que el estuviera atrapado en la
armadura.
A medida que el caballero se iba dando
cuenta de lo injusto que había sido con Julieta, las lagrimas iban cayendo por
sus mejillas. Si, la había necesitado mas de lo que la había amado. Deseo
haberla necesitado menos y amado mas, pero no había sabido hacerlo.
Mientras continuaba llorando, le vino
a la cabeza que también había necesitado a Cristóbal mas de lo que lo había
amado. Un caballero necesitaba un hijo para que partiera a las batallas y
luchara en nombre de su padre cuando este se hiciera mayor. Esto no quería
decir que el caballero no amara a Cristóbal, pues amaba la belleza de su hijo.
También disfrutaba oyéndole decir: "Te quiero, papa", pero, asi como
había amado estas cosas de Cristóbal, también respondían a una necesidad suya.
Un pensamiento le vino a la mente como
un relámpago: había necesitado el amor de Julieta y de Cristóbal porque no se
amaba a sí mismo! De hecho, había necesitado el amor de todas las damiselas que
había rescatado y de toda la gente por la que había luchado en las cruzadas
porque no se amaba a sí mismo.
El caballero lloro aun más al darse
cuenta de que si no se amaba, no podía amar realmente a otros. Su necesidad de
ellos se interpondría.
Al admitir esto, una hermosa y
resplandeciente luz brillo a su alrededor, ahí donde antes había habido
oscuridad. Una mano se poso suavemente sobre su hombro. Miro a través de sus
lagrimas y vio a Merlín que le sonreía.
-Habéis descubierto una gran verdad-
le dijo el mago al caballero. -Sólo podéis amar a otros en la medida en que os
amáis a vos mismo.
-Y como hago para empezar a amarme?-
pregunto el caballero.
-Ya habéis empezado, al saber lo que
ahora sabéis- dijo Merlín.
-Sé que soy un tonto- sollozo el
caballero.
-No, conocéis la verdad, y la verdad
es amor.
Esto consoló al caballero, que dejo de
llorar. A medida que sus lagrimas se fueron secando, fue notando la luz que
había a su alrededor. Era distinta de cualquier luz que hubiera visto antes.
Parecía no venir de ningún lugar, y de
todos los lugares a la vez.
Merlín hizo eco del pensamiento del
caballero:
-No hay nada más hermoso que la luz
del conocimiento.
El caballero miro la luz que le
rodeaba y luego hacia la lejana oscuridad.
-Para vos no hay oscuridad en este
castillo, no ese verdad?
-No- replico Merlín. -Ya no.
Animado, el caballero se puso de pie,
listo para continuar. Le agradeció a Merlín por haber aparecido incluso sin
haber sido llamado.
-Está bien- dijo el mago. -Uno no
siempre sabe cuando pedir ayuda.
Y, dicho esto, desapareció.
Cuando el caballero se dispuso a
continuar, Rebecca apareció volando desde la oscuridad.
-Escuchad!- dijo toda emocionada
-Esperad a ver lo que voy a mostraros!
El caballero nunca había visto a Rebecca
tan excitada. Normalmente, era mas bien tranquila, pero ahora no dejaba de dar
saltos sobre su hombro, sin poder contenerse mientras guiaba al caballero y a
Ardilla hacia un gran espejo.
-Es eso! Es eso!- gorjeo en voz alta,
los ojos brillando de entusiasmo.
El caballero tuvo una decepción.
-Es solo un viejo espejo- dijo
impaciente -vamos, pongámonos en marcha.
-No es un espejo corriente- insistió
Rebecca. -No refleja tu aspecto. Refleja como eres de verdad.
El caballero estaba intrigado, pero no
entusiasmado. Nunca le habían importado mucho los espejos porque nunca se había
considerado muy guapo. Pero Rebecca insistió, asi que, de mala gana, se coloco
ante el espejo y contemplo su reflejo. Para su gran sorpresa, en lugar de un
hombre alto con ojos tristes y nariz grande, con una armadura hasta el cuello,
vio a una persona encantadora y vital, cuyos ojos brillaban con amor y
compasión.
-Quién es?- pregunto.
Ardilla respondió:
-Sois vos.
-Éste espejo es un fantasma- dijo el
caballero. -Yo no soy asi.
-Estáis viendo a vuestro yo verdadero-
explico Sam, -el yo que vive bajo esa armadura.
-Pero- protesto el caballero,
contemplándose con atención en el espejo, -ese hombre es un espécimen perfecto.
Y su rostro esta lleno de inocencia y belleza.
-Ese es tu potencial- le respondió
Sam, -ser hermoso, inocente y perfecto.
-Si ese es mi potencial- dijo el
caballero, -algo terrible me sucedió en el camino.
-Si- replico Sam, -pusiste una
armadura invisible entre tu y tus verdaderos sentimientos. Ha estado ahí
durante tanto tiempo que se ha hecho visible y permanente.
-Quizá si escondí mis sentimientos-
dijo el caballero. -Pero no podía decir simplemente todo lo que se me pasaba
por la cabeza y hacer todo lo que me apetecía. Nadie me hubiera querido.- El
caballero se detuvo al pronunciar estas palabras, pues se dio cuenta que se
había pasado la vida intentando agradar a la gente. Penso en todas las cruzadas
en las que había luchado, los dragones que había matado, y en las damiselas en
apuros que había rescatado: todo para demostrar que era bueno, generoso y
amoroso. En realidad, no tenia que demostrar nada. Era bueno, generosos y
amoroso.
-Jabalinas saltarinas!- exclamo -he
desperdiciado toda mi vida!
-No- dijo Sam rápidamente. -No las has
desperdiciado. Necesitabas tiempo para aprender lo que has aprendido.
-Todavía tengo ganas de llorar- dijo
el caballero.
-Pues, eso si seria un desperdicio-
dijo Sam.
Acto seguido, entono esta canción:
"Las lagrimas de autocompasion no
te pueden ayudar.
No son del tipo que a tu armadura
puedan eliminar."
El caballero no estaba de humor para
apreciar ni la canción ni el humor de Sam.
-Deja ya esas pesadas rimas, o te
echare fuera- chillo.
-No me puedes echar- rió Sam. -Yo soy
tu. No lo recuerdas?
En ese momento, el caballero se
hubiera pegado un tiro gustoso con tal de librarse de Sam, mas, por fortuna,
aun no se habían inventado las armas de fuego. Aparentemente, no había manera
de librarse de Sam.
El caballero se miro en el espejo otra
vez. La amabilidad, la compasión, el amor, la inteligencia y la generosidad le
devolvieron al mirada. Se dio cuenta de que todo lo que tenia que hacer para
tener todas esas cualidades era reclamarlas, pues siempre había estado ahí.
Ante este pensamiento, la hermosa luz
brillo una vez mas, con mas fuerza que antes. Ilumino toda la habitación
revelando, para sorpresa del caballero, que el castillo tenia tan solo una
gigantesca habitación.
-Es la construcción estándar para un
castillo del conocimiento- dijo Sam.
-El verdadero conocimiento no se
divide en compartimentos porque todo procede de una única verdad.
El caballero asintió. Estaba listo
para partir justo cuando Ardilla se acerco corriendo.
-Éste castillo tiene un patio con un
gran manzano en el centro.
-Oh, llévame a el- pidió
el caballero ansioso, pues empezaba a tener hambre.
El caballero y Rebecca siguieron a
Ardilla hasta el patio. Las robustas ramas del árbol se torcían por el peso de
las manzanas más brillantes y rojas que el caballero hubiera visto jamas.
-Te gustan las manzanas?- pregunto
Sam.
El caballero se encontró riendo. Luego
noto una inscripción grabada en una losa junto al árbol:
Por esta fruta no impongo condición,
pero ahora aprenderéis acerca de la ambición.
El caballero reflexiono sobre esto
pero, con franqueza, no tenia ni idea de lo que significaba. Finalmente,
decidió olvidarlo.
-Si lo haces, no saldremos de aquí-
dijo Sam.
El caballero gruñio.
-Éstas inscripciones son cada vez mas
difíciles de entender.
-Nadie dijo que el castillo del
conocimiento fuera fácil- dijo Sam con firmeza.
El caballero suspiro, cogió una
manzana y se sentó bajo el árbol con Rebecca y Ardilla.
-Vosotras lo entendéis?- les pregunto.
Ardilla negó con la cabeza.
El caballero miro a Rebecca, que
también negó con la cabeza.
-Pero lo que si se- dijo pensativa -es
que no tengo ninguna ambición.
-Ni yo- intervino Ardilla. -Y apuesto
a que este árbol tampoco tiene ninguna.
-Tiene razón- dijo Rebecca. -éste
árbol es como nosotras. No tiene ambiciones. Quizá vos no necesitéis ninguna.
-Eso esta bien para los animales y los
arboles- dijo el caballero. -Pero, que seria una persona si no tuviese
ambición?
-Feliz- dijo Sam.
-No, no lo creo.
-Todos estáis en lo cierto- dijo una
voz familiar.
El caballero se volvió y vio a Merlín
de pie, detrás de el y los animales. El mago vestía su larga túnica blanca y
llevaba un laúd.
-Estaba a punto de llamarois, Merlín-
dijo el caballero.
-Lo sé- replico el mago. -Todo el
mundo necesita ayuda para entender a un árbol. Los arboles son felices
simplemente siendo arboles, al igual que Rebecca y Ardilla son felices siendo
simplemente lo que son.
-Pero los humanos somos distintos-
protesto el caballero. -Tenemos mentes.
-Nosotras también tenemos mentes-
declaro Ardilla, un tanto ofendida.
-Lo siento. Es solo que los seres
humanos tenemos mentes mas complicadas que hacen que deseemos ser mejores-
explico el caballero.
-Mejores que que?- pregunto Merlín,
tañendo ociosamente unas notas en su laúd.
-Mejores de lo que somos- respondió el
caballero.
-Nacéis hermosos, inocentes y
perfectos. Que podría ser mejor que eso?- demando Merlín.
-No, quiero decir que queremos ser
mejores de lo que pensamos que somos, y mejores que los demás... ya sabéis,
como yo, que siempre he querido ser el mejor caballero del reino.
-Ah, si- admitió Merlín,- la ambición
de vuestra complicada mente os llevo a intentar demostrar que erais mejor que
otros caballeros.
-Y que hay de malo en ello?- pregunto
el caballero a la defensiva.
-Cómo podíais ser mejor que otros
caballeros si todos nacisteis tan inocentes y perfectos como erais?
-Al menos era feliz intentándolo-
replico el caballero.
-Lo erais? O es que estabais tan
ocupado intentando serlo que no podíais disfrutar del simple hecho de ser?
-Me estáis confundiendo- musitó el
caballero. -Sé que las personas necesitan tener ambición. Desean ser listas y
tener bonitos castillos y poder cambiar el caballo del año pasado por uno
nuevo. Quieren progresar.
-Ahora estáis hablando del deseo del
hombre de enriquecerse; pero si una persona es generosa, amorosa, compasiva,
inteligente y altruista, como podría ser más rica?
-Esas riquezas no sirven
para comprar castillos y caballos- dijo el caballero.
-Es verdad- Merlín esbozo una sonrisa,
-hay mas de un tipo de riquezas, asi como hay mas de un tipo de ambición.
-A mi me parece que la ambición es la
ambición. O deseas progresar o no lo deseas.
-Es mas complicado que todo eso-
respondió el mago. -La ambición que proviene de la mente te puede servir para
conseguir bonitos castillos y buenos caballos. Sin embargo, solo la ambición
que proviene del corazón puede darte, además, la felicidad.
-Qué es la ambición del corazón?- le
cuestiono el caballero.
-La ambición del corazón es pura. No
compite con nadie y no hace daño a nadie. De hecho, le sirve a uno de tal
manera que sirve a otros al mismo tiempo.
-Como?- pregunto el caballero,
esforzándose por comprender.
-Es aquí donde podemos aprender del
manzano. Se ha convertido en un árbol hermoso y maduro, que da generosamente
sus frutos a todos. Cuantas más manzanas coge la gente- dijo Merlín- mas crece
el árbol y más hermoso deviene. Este árbol hace exactamente lo que un manzano
debe hacer: Desarrollar su potencial para beneficio de todos. Lo mismo sucede
con las personas que tienen ambiciones del corazón.
-Pero- objeto el caballero- si me
pasara el día regalando manzanas, no podría tener un elegante castillo y no
podría cambiar el caballo del año pasado por uno nuevo.
-Vos, como la mayoría de la gente,
queréis poseer muchas cosas bonitas, pero es necesario separar la necesidad de
la codicia.
-Decidle eso a una esposa que quiere
un castillo en un mejor barrio- replico mordaz el caballero.
Una expresión divertida se dibujo en
el rostro de Merlín.
-Podríais vender algunas de vuestras
manzanas para pagar el castillo y el caballo. Después podríais dar las manzanas
que no necesitarais para que los demás se alimentasen.
-Este mundo es mas fácil para los
arboles que para las personas- dijo el caballero filosóficamente.
-Es una cuestión de percepción- dijo
Merlín. -Recibís la misma energía vital que el árbol. Utilizáis la misma agua,
el mismo aire y la misma nutrición de la tierra. Os aseguro que si aprendéis
del árbol podréis dar frutos y no tardareis en tener todos los caballos y
castillos que deseáis.
-Queréis decir que podría conseguir
todo lo que necesito simplemente quedándome quieto en mi propio jardín?-
pregunto el caballero.
Merlín rió.
-A los seres humanos se les dio dos
pies para que no tuvieran que permanecer en un mismo lugar, pero si se quedaran
quietos mas a menudo para poder aceptar y apreciar, en lugar de ir de aquí para
allá intentando apoderarse de todo lo que pueden, entenderían verdaderamente lo
que es la ambición del corazón.
El caballero permaneció en silencio,
reflexionando sobre las palabras de Merlín. Estudio el manzano que florecía
ante sus ojos. Observo a Ardilla, a Rebecca y a Merlín. Ni el árbol ni los
animales tenían ambición, y la ambición de Merlín provenía sin duda de su
corazón. Todos parecían sanos y felices; eran hermosos especímenes de la vida.
Después penso en sí mismo: escuálido y
con una barba que empezaba a tener mal aspecto. Estaba mal nutrido, nervioso, y
exhausto por tener que arrastrar su pesada armadura. Había adquirido todo esto
por su ambición mental, y ahora comprendía que todo eso debía cambiar. La idea
le inspiraba temor, pero luego penso que ya lo había perdido todo, asi que...
que mas podía perder?
-A partir de este momento, mis
ambiciones vendrán del corazón- prometio el caballero.
Mientras pronunciaba estas palabras, el
castillo y Merlín desaparecieron, y el caballero se encontró otra vez en el
sendero de la verdad, con Rebecca y Ardilla. Junto al sendero se extendía un
cabrilleante arroyo. Sediento, se arrodilló para beber de su agua y noto con
sorpresa que la armadura que cubría sus brazos y piernas se había oxidado y
caído. Su barba había crecido. Era evidente que el castillo del conocimiento,
al igual que el castillo del silencio, había jugado con el tiempo.
El caballero reflexiono sobre este
extraño fenómeno y no tardo en darse cuenta de que Merlín estaba en lo cierto.
Decidió que era verdad, que el tiempo transcurría con rapidez cuando uno se
escuchaba a si mismo. Recordó cuantas veces el tiempo se hacia eterno mientras
el esperaba que otras personas lo llenaran.
Ahora que todo lo que quedaba de su
armadura era el peto, el caballero se sintió mas ligero y mas joven de lo que
se había sentido en años. También descubrió que no se había sentido tan bien
consigo mismo desde hacia mucho tiempo. Con el paso firme de un muchacho,
partió hacia el castillo de la voluntad y la osadía con Rebecca volando sobre
su cabeza y Ardilla corriendo a sus pies.
6.- EL CASTILLO DE LA VOLUNTAD Y LA OSADIA
Hacia el amanecer del día siguiente,
el inverosímil trío llego al ultimo castillo. Era mas alto que los otros y sus
muros parecían más gruesos. Confiado de que atravesaría velozmente este
castillo, el caballero cruzo el puente levadizo con los animales.
Cuando estaban a medio camino se abrió
de golpe la puerta del castillo y un enorme y amenazante dragón, cubierto de
relucientes escamas verdes, surgió de su interior, echando fuego por la boca.
Espantado, el caballero se paro en seco.
Había visto muchos dragones, pero este
no se parecía a ninguno. Era enorme, y las llamas salían no solo de su boca,
como sucedía con cualquier dragón común y corriente, sino también de sus ojos y
oídos. Y, por si eso fuera poco, las llamas eran azules, lo cual quería decir
que este dragón tenia un alto contenido de butano.
El caballero busco su espada, pero su
mano no encontró nada. Comenzó a temblar. Con una voz débil e irreconocible, el
caballero pidió ayuda a Merlín, mas, para su desesperación, el mago no
apareció.
-Por que no viene?- pregunto
ansiosamente, al tiempo que esquivaba una llamarada azul del monstruo.
-No lo se- replico Ardilla.
-Normalmente se puede contar con el.
Rebecca, sentada sobre el hombro del
caballero, ladeo la cabeza y escucho con atención.
-Por lo que he podido captar, Merlín
esta en París, en una conferencia de magos.
"No me puede abandonar
ahora", se dijo el caballero. "Me prometio que no habría dragones en
el sendero de la verdad".
-Se refería a los dragones comunes y
corrientes- rugió el monstruo con una voz que hizo temblar los arboles y que
por poco hizo caer a Rebecca del hombro del caballero.
La situación parecía seria. Un dragón
que podía leer las mentes era definitivamente lo peor que se podía esperar
pero, de alguna manera, el caballero logro dejar de temblar. Con la voz mas
fuerte y potente que pudo, grito:
-Fuera de mi camino, bombona de butano
gigante!
La bestia bufo, lanzando fuego en
todas direcciones.
-Caramba, que atrevido el gatito
asustado!
El caballero, que no sabia que mas
hacer, intentó ganar tiempo.
-Qué haces en el castillo de la
voluntad y la osadía?- pregunto.
-Hay algún sitio mejor donde yo pueda
vivir? Soy el dragón del miedo y la duda.
El caballero reconoció que el nombre
era muy acertado. Miedo y duda era exactamente lo que sentía.
El dragón volvió a vociferar:
-Estoy aquí para acabar con todos los
listillos que piensan que pueden derrotar a cualquiera simplemente porque han
pasado por el castillo del conocimiento.
Rebecca susurro al oído del caballero:
-Merlín dijo una vez que el
conocimiento de uno mismo podía matar al dragón del miedo y la duda.
-Y tú lo crees?- susurro el caballero.
-Si- afirmo Rebecca con firmeza.
-Pues, entonces, encárgate tu de ese
lanzallamas verde!- el caballero dio media vuelta y cruzo el puente levadizo
corriendo, en retirada.
-Jo jo jo!- rió el dragón, y con su
ultimo "jo" por poco quema los pantalones del caballero.
-Os retiráis después de haber llegado
tan lejos?- pregunto Ardilla, mientras el caballero se sacudía las chispas de
la espalda.
-No lo sé- replico él. -He llegado a
habituarme a ciertos lujos, como vivir.
Sam intervino.
-Cómo te soportas si no tienes la
voluntad y la osadía de poner a prueba el conocimiento que tienes de ti mismo?
-Tú también crees que el conocimiento
de uno mismo puede matar al dragón del miedo y la duda?- pregunto el caballero.
-Por supuesto. El conocimiento de uno
mismo es la verdad y ya sabes lo que dicen: "la verdad es más poderosa que
la espada".
-Ya sé que eso es lo que se dice, pero...
hay alguien que lo haya probado y haya sobrevivido?- pregunto sutilmente el
caballero.
Tan pronto como acabo de pronunciar
estas palabras, el caballero recordó que no necesitaba probar nada. Era bueno,
generoso y amoroso. Por lo tanto, no debía sentir miedo ni dudas. El dragón no
era mas que una ilusión.
El caballero dirigió la mirada a
través del puente hacia donde se encontraba el monstruo lanzando fuego hacia
unos arbustos, por lo visto para no perder la practica. Con el pensamiento en
la mente de que el dragón solo existía si el creía que existía, el caballero
inspiro profundamente y, con lentitud, volvió a atravesar el puente levadizo.
El dragón, por supuesto, fue a su
encuentro, bufando y echando fuego. Esta vez, sin embargo, el caballero siguió
adelante. Pero el coraje del caballero no tardo en comenzar a derretirse, al
igual que su barba, con el calor de las llamaradas del dragón. Con un grito de
temor y angustia, dio media vuelta y salió corriendo.
El dragón dejo escapar una poderosa
carcajada y disparo un chorro de fuego contra el caballero en retirada. Con un
aullido de dolor, el caballero atravesó el puente como una bala, con Rebecca y
Ardilla tras él. Al divisar un pequeño arroyo, sumergió rápidamente su
chamuscado trasero en el agua fresca, sofocando las llamas en el acto.
Ardilla y Rebecca intentaban
consolarlo desde la orilla.
-Habéis sido muy valiente- dijo
Ardilla.
-No esta mal por tratarse del primer
intento- añadió Rebecca.
Sorprendido, el caballero la miro
desde donde estaba.
-Cómo que el primer intento?
Ardilla le respondió con toda
naturalidad:
-Tendréis mas suerte la segunda vez.
El caballero respondió enfadado:
-Tú iras la segunda vez.
-Recordad que el dragón es solo una
ilusión- dijo Rebecca.
-Y el fuego que sale de su boca? Eso
también es una ilusión?
-En efecto- respondió Rebecca. -El
fuego también era una ilusión.
-Entonces, como es que estoy sentado
en este arroyo con el trasero quemado?- exigió el caballero.
-Porque vos mismo hicisteis que el
fuego fuera real al creer que el dragón era real- explico Rebecca.
-Si creéis que el dragón del miedo y
la duda es real, le dais el poder de quemas vuestro trasero o cualquier otra
cosa- dijo Ardilla.
-Tienes razón- corroboro Sam. -Debes
regresar y enfrentarte al dragón de una vez por todas.
El caballero se sintió acorralado.
Eran tres contra uno. O, mejor dicho, dos y medio contra uno; la mitad Sam del
caballero estaba de acuerdo con Ardilla y Rebecca, mientras que la otra mitad
quería permanecer en el arroyo.
Mientras el caballero luchaba contra
un coraje que flaqueaba, oyó a Sam decir: -Dios le dio coraje al hombre. El
hombre le da coraje a Dios.
-Estoy harto de intentar comprender el
significado de las cosas. Prefiero quedarme sentado en el arroyo y descansar.
-Mira- lo animó Sam, -si te enfrentas
al dragón, hay una posibilidad de que lo elimines, pero si no te enfrentas a
el, es seguro que el te destruirá.
-Las decisiones son fáciles cuando
solo hay una alternativa- dijo el caballero. Se puso en pie de mala gana,
inspiro profundamente y cruzo el puente levadizo una vez más.
El dragón le miro incrédulo. Era un
tipo verdaderamente terco.
-Otra vez?- bufo. -Bueno, esta vez si
que te pienso quemar.
Pero esta vez el caballero que
marchaba hacia el dragón era otro; uno que cantaba una y otra vez: "el
miedo y la duda son ilusiones".
El dragón lanzo gigantescas llamaradas
contra el caballero una y otra vez pero, por mas que lo intentaba, no lograba
hacerlo arder.
A medida que el caballero se iba
acercando, el dragón se iba haciendo cada vez más pequeño, hasta que alcanzo el
tamaño de una rana. Una vez extinguida su llama, el dragón comenzó a lanzar
semillas. Estas semillas -las semillas de la duda- tampoco lograron detener al
caballero. El dragón se iba haciendo aun más pequeño a medida que continuaba
avanzando con determinación.
-He vencido!- exclamo el caballero
victorioso.
El dragón apenas podía hablar.
-Quizás esta vez, pero regresare una y
otra vez para bloquear tu camino.
Dicho esto, desapareció con una
explosión de humo azul.
-Regresa siempre que quieras- le grito
el caballero. -Cada vez que lo hagas, yo seré más fuerte y tu más débil.
Rebecca voló y aterrizo en el hombro
del caballero.
-Lo veis, yo tenía razón. El
conocimiento de uno mismo puede matar al dragón del miedo y la duda.
-Si realmente creías que era asi, por
que no me acompañaste cuando me acerque al dragón?- pregunto el caballero, que
ya no se sentía inferior a su amiga emplumada.
Rebecca mullio sus plumas.
No quería interferir. Era vuestro
viaje.
Divertido, el caballero estiro el
brazo para abrir la puerta del castillo, pero, el castillo de la voluntad y la
osadía había desaparecido!
Sam le explico:
-No tienes que aprender sobre la
voluntad y la osadía porque acabas de demostrar que ya las posees.
El caballero echo la cabeza hacia
atrás, riendo de pura alegría. Podía ver la cima de la montaña. El sendero
parecía aun mas empinado que antes, pero no importaba.
Sabia que ya nada le podía detener.
7.- LA CIMA DE LA VERDAD
Centímetro a centímetro, palmo a
palmo, el caballero escalo, con los dedos ensangrentados por tener que
aferrarse a las afiladas rocas. Cuando ya casi había llegado a la cima, se
encontró con un canto rodado que bloqueaba su camino. Como siempre, había una
inscripción sobre él: "Aunque este universo poseo, nada poseo, pues no
puedo conocer lo desconocido si me aferro a lo conocido"
El caballero se sentía demasiado para
superar el ultimo obstáculo. Parecía imposible descifrar la inscripción y estar
colgado de la pared de la montaña al mismo tiempo, pero sabia que debía
intentarlo.
Ardilla y Rebecca se sintieron
tentadas de ayudarle, pero se contuvieron, pues sabían que la ayuda puede
debilitar a un ser humano.
El caballero inspiro profundamente, lo
que le aclaro un poco la mente. Leyó la ultima parte de la inscripción en voz
alta: "pues no puedo conocer lo desconocido si me aferro a lo
conocido".
El caballero reflexiono sobre algunas
de las cosas "conocidas" a las que se había aferrado durante toda su
vida. Estaba su identidad -quién creía que era y que no era-. Estaban sus
creencias -aquello que pensaba que era verdad y lo que consideraba falso-. Y
estaban sus juicios -las cosas que tenia por buenas y aquellas que consideraba
malas.
El caballero observo la roca y un
pensamiento terrible cruzo por su mente: también conocía la roca a la cual se
aferraba para seguir con vida. Quería decir la inscripción que debía soltarse y
dejarse caer al abismo de lo desconocido?
-Lo has cogido, caballero- dijo Sam-.
Tienes que soltarte.
-Qué intentas hacer, matarnos a los
dos?- grito el caballero.
-De hecho, ya estamos muriendo ahora
mismo- dijo Sam. -Mírate. Estas tan delgado que podrías deslizarte por debajo
de una puerta, y estas lleno de estrés y miedo.
-No estoy tan asustado como antes-
dijo el caballero.
-En ese caso, déjate ir y confía- dijo
Sam.
-Que confíe en quien?- replico el
caballero enfadado. Estaba harto de la filosofía de Sam.
-No es un quien- respondió Sam. -No es
un quien sino un que!
-Un que?- pregunto el caballero.
-Si- dijo Sam. -La vida, la fuerza, el
universo, Dios, como quieras llamarlo.
El caballero miro por encima de su
hombro y vio el abismo aparentemente infinito que había debajo de el.
-Déjate ir- le susurro Sam con
urgencia.
El caballero no parecía tener
alternativa. Perdía fuerza con cada segundo que pasaba y la sangre brotaba de
sus dedos allí donde se aferraba a la roca. Pensando que moriría, se dejo ir y
se precipito al abismo, a la profundidad infinita de sus recuerdos.
Recordó todas las cosas de su vida de
las que había culpado a su madre, a su padre, a sus profesores, a su mujer, a
su hijo, a sus amigos y a todos los demás. A medida que caía en el vacío, fue
desprendiéndose de todos los juicios que había hecho contra ellos.
Fue cayendo cada vez mas rápidamente,
vertiginosamente, mientras su mente descendía hacia su corazón. Luego, por
primera vez en su vida, contemplo su vida con claridad, sin juzgar y sin
excusarse. En ese instante, acepto toda la responsabilidad por su vida, por la
influencia que la gente tenia sobre ella, y por los acontecimientos que le
habían dado forma.
A partir de ese momento, fuera de si
mismo, nunca mas culparía a nada ni a nadie de todos lo errores y desgracias.
El reconocimiento de que el era la causa, no el efecto, le dio una nueva
sensación de poder. Ya no tenía miedo.
Le sobrevino una desconocida sensación
de calma y algo muy extraño le sucedió: empezó a caer hacia arriba!. Si,
parecía imposible, pero caía hacia arriba, surgiendo del abismo! Al mismo
tiempo, se seguía sintiendo conectado con lo mas profundo de el, con el centro
de la Tierra. Continúo cayendo hacia arriba, sabiendo que estaba unido al cielo
y a la Tierra.
Repentinamente, dejo de caer y se encontró
de pie en la cima de la montaña y comprendió el significado de la roca. Había
soltado todo aquello que había temido y todo aquello que había sabido y
poseído. Su voluntad de abarcar lo desconocido le había liberado. Ahora el
universo era suyo, para ser experimentado y disfrutado.
El caballero permaneció en la cima,
respirando profundamente y le sobrevino una sobrecogedora sensación de
bienestar. Se sintió mareado por el encantamiento de ver, oír y sentir el
universo que le rodeaba. Antes, el temor a lo desconocido había entumecido sus
sentidos, pero ahora podía experimentar todo con una claridad sorprendente. La
calidez del sol del atardecer, la melodía de la suave brisa de la montaña y la
belleza de las formas y los colores de la naturaleza que pintaban el paisaje,
causaron un placer indescriptible al caballero. Su corazón rebosaba de amor:
por si mismo, por Julieta y Cristóbal, por Merlín, por Ardilla y por Rebecca,
por la vida y por todo el maravilloso mundo.
Rebecca y Ardilla observaron al caballero
ponerse de rodillas, con lagrimas de gratitud surgiendo de sus ojos.
"Casi muero por todas las
lagrimas que no derrame", pensó. Las lágrimas resbalaban por sus mejillas,
por su barba y por su peto. Como provenían de su corazón, estaban
extraordinariamente calientes, de manera que no tardaron en derretir lo que
quedaba de su armadura.
El caballero lloraba de alegría. No
volvería a ponerse la armadura y cabalgar en todas direcciones nunca más. Nunca
mas vería la gente el brillante reflejo del acero, pensando que el sol estaba
saliendo por el norte o poniéndose por el este.
Sonrió a través de sus lagrimas, ajeno
a que una nueva y radiante luz irradiaba de el; una luz mucho mas brillante y
hermosa que la de su pulida armadura, una luz destellante como un arroyo,
resplandeciente como la Luna, deslumbrante como el Sol.
Por que el caballero era el arroyo.
Era la Luna. Era el Sol. Podía ser todas esas cosas a la vez, y más, porque era
uno con el universo.
Era amor.
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